Receta de tarta japonesa
Aunque la comida oriental no es muy conocida en Occidente por sus postres, realmente hay recetas que son extraordinarias, además de ser un auténtico placer para el paladar. Una buena prueba de ello es la denominada tarta japonesa, que podría definirse como una tarta de queso tal y como se conoce en España, pero con algunas particularidades porque es mucho más esponjosa, aunque tampoco se le podría poner la etiqueta de suflé. Otra diferencia es que no es tan dulce como las que se toman aquí. De todos modos, nada mejor que probarlo para comprobar lo rica que está. Y para ello aquí te contamos la receta original, tal y como se hace en Japón.

Ingredientes

Para hacer en casa la tarta japonesa se necesitan 250 gramos de queso crema y seis huevos en los que hay que separar las claras y las yemas. Además, vamos a precisar 140 gramos de azúcar molido o en polvo, 60 gramos de mantequilla, 100 miligramos de leche, 60 gramos de harina para repostería, 20 gramos de almidón de maíz o Maizena, la ralladura de un limón, un poco de sal y una cucharadita de zumo de limón o bien un gramo de cremor tártaro. De manera opcional, se pueden poner pasas sultanas.

Elaboración

Una vez se tienen todos los ingredientes, el siguiente paso es coger un molde, que tenga unas dimensiones de unos 20 centímetros de diámetro y ocho centímetros de alto. Y, así ya, podemos comenzar a elaborar la receta.

En primer lugar, hay que precalentar el horno a 200 grados centígrados de temperatura, teniendo que poner calor tanto arriba como abajo. Luego hay que preparar el molde, que debe engrasarse por dentro con la mantequilla. Una vez se ha terminarlo, se tiene que enharinar sin que quede ningún espacio.

A continuación, se coge una cazuela grande o bien una olla en la que hay que poner a calentar agua hasta que alcance el punto de hervor. El siguiente paso es apagar el fuego y poner sobre este cazo un bol en el que vamos a ir preparando la mezcla para hacer la tarta japonesa.

Receta de tarta japonesa
En ese bol, hay que incorporar el queso crema y la mantequilla, que tiene que ablandarse un poco para que sea más fácil batir y que se mezclen bien los dos ingredientes hasta que se tenga una mezcla homogénea. Cuando ya se tenga, hay que poner la mitad del azúcar en polvo, las yemas y la leche, teniendo que batir de nuevo después de añadir cada uno de estos ingredientes. El resultado es otra vez una masa homogénea a la que hay que poner un poco de sal e incorporar la ralladura de limón. Cuando ya están todos estos ingredientes, se debe retirar la olla de agua caliente.

A continuación, seguiremos trabajando en la tarta japonesa tamizando la harina aparte de la masa, pero con el almidón de maíz. También iremos montando las claras en otro recipiente hasta que queden esponjosas, momento en el que se añadirá el crémor tártaro o bien el zumo de limón. Nuevamente, habrá que batir y agregar la otra mitad del azúcar que habíamos reservado. Tras este paso, hay que montar hasta conseguir picos blandos, es decir, que al levantar las varillas de la batidora se cree un pico de merengue que cae hacia un lado.

A continuación, se tiene que añadir la harina y el almidón de maíz tamizados a la masa de queso, yemas y azúcar para mezclar bien. Luego se agregan las claras montadas poco a poco y haciendo un movimiento envolvente para que no se pierda aire.

Si se ha optado por utilizar las pasas sultanas, es el momento de ponerlas al fondo del molde que hemos engrasado y enharinado para verter posteriormente la masa del pastel, que no debe salirse del molde. Más o menos debe quedar un espacio de un centímetro y medio porque hay que tener en cuenta que crece.

Ahora, necesitaremos otra fuente más grande que el molde, como mínimo tres centímetros, en la que hay que poner un trapo en el centro. Luego hay que colocar el molde encima y verter agua caliente en la fuente hasta un tercio de la altura del molde. Es importante que no entre agua en la mezcla de la tarta por lo que puede ser necesario proteger el molde previamente.

Tras este paso, ya solo queda poner la fuente con el molde en la altura más baja del horno y cocer al baño maría a 200 grados centígrados durante 18 minutos para bajar luego la temperatura a 160 grados centígrados durante 15 minutos. A continuación se apaga el horno, aunque todavía el molde tiene que estar media hora dentro con el calor que quede. Pasado ese tiempo, se saca del horno y ya solo queda desmoldarlo.